
Ésta es la historia de Nely, pero podría ser la de Guadalupe, María, Carmen, Dolores, Asención, o miles de otras mujeres que se ganan la vida a duras penas en las ciudades de El Salvador.
Nely es una mujer valiente que lucha contra los obstáculos diarios de la pobreza de los jacales para mantener a sus hijos. Nely es partidaria leal al refrán salvadoreño “Si no trabajamos, no comemos”.
Conocí por primera vez a Nely mientras mi trabajo de voluntaria en El Salvador; estábamos lavando platos juntas en el servicio de guardería de una parroquia en la capital. Me pregunté: ¿Cómo sería posible que esta mujer baja trabaje con tanta energía durante su embarazo avanzado? Nely pasaba todos los días fregando el arroz quemado de cazuelas enormes y llevando cestos llenos de soperos y tazas plásticos…Yo no soy alta, ¡pero destaqué sobre Nely!

Hacíamos todo nuestro trabajo afuera, en pilas profundas de piedra al lado de la cocina. Había solo agua fría, y cuando nos quedábamos sin jabón, usábamos arena para limpiar los platos. Trabajábamos aún bajo la lluvia…
Antes de mi salida de El Salvador en septiembre, Nely había dado luz a su hija Karina. Ya tenía un hijo mayor, David, que tenía tres años; David asistía a la guardería de la parroquia. Era un niño bien educado, y es así actualmente de adolescente.
Hasta ahora Nely no ha podido mejorarse económicamente; ella tuvo la oportunidad para sólo tres años de enseñanza. Así es que Nely y otras mujeres de su generación tienen oportunidades muy limitadas. Trabajan con las habilidades domésticas y solo ésas.

Durante otra visita a El Salvador, yo estaba en el centro durante la hora pico cuando estaba sorprendida de oír mi nombre. Mi di vuelta y vi a Nely al lado de una caja llena de tamales calientes. Estaba en medio de una muchedumbre de otros vendedores; todos estaban cerca de una parada de autobuses. Claro, ¡Nely me vendió la cena esa tarde!
Había veinticinco mil habitantes en el barrio de Nely. La mayoría son refugiados de la Guerra Civil salvadoreña. Durante otra visita, yo encontré, a la puerta de la parroquia, a Nely llevando a un bebé recién nacido. Necesitó comida; un empleado de la parroquia le dio frijoles, arroz, azúcar, y aceite. Nely nos trajo a su barraca (“lamina”), cerrado con candado. Ella nos mostró la manera de que un hombre había entrado una nocne y había violado a Nely mientras dormían sus dos niños…nueve meses después, nació ‘Angel’.

Otro refrán salvadoreño es que los niños son inocentes y no son culpables por crímenes de los adultos. Agarrando a ese refrán y a su bebé, Nely crió a su tercer hijo. Normalmente yo veía a Nely y a su familia a la misa el domingo; su hijo David servía con frecuencia de acólito.
Nely y yo tuvimos por casualidad otra reunion en el centro. Era enre muchos vendedores y sus clientes en el parquet pequeño de Morazón. De nuevo oími nombre; aui estaban Nely y su hijo mayor empujando una carrita enorme. Ellos estaban vaciando los basureros de la ciudad. Por fin Nely tuvo un trabajo’oficial’ ¡y aún lleva uniforme! David estaba ayudándola a su madre después de las clases.

Parece que todavía se venden los tamales; David acompaña a su mama a la hore de la cena. Ya es de noche cuando los dos pasan de casa a casa vendiendo tamales en el barrio cercano.
—Hermana Patti Ann Rogucki; traducción al Español por Hermana Jane Moran.